A pesar de lo que pudiera pensarse de la Escuela Normal, los egresados realmente tenemos seria incertidumbre en cuanto a lo que haremos y más aún en cuanto a la manera en que lo realizaremos. Se habla de que anteriormente se llevaba DIDÁCTICA como materia en las Normales del Estado de México; a mí no me tocó esa época y desconozco los alcances que tenía en la formación de los profesores.
La vida de los profesores suele ser pintada como de múltiples disgustos (mis tíos hablan de gastritis y posibilidades de derrames cerebrales y migrañas). Hay días en los que las cosas no salen bien y otros en los que se puede regresar a casa satisfecho: “qué gran día”; “hoy estuve fatal”. Las satisfacciones o ‘la libertad’ no se encuentran en los resultados de las evaluaciones, sino en la manera en que salimos del aula después de clase.
Más de una vez me he encontrado dando explicaciones que me debía a mí mismo y la curiosidad del alumno es la mía. A veces los interrogo y con sus respuestas realmente estamos dialogando sobre temas académicos y exponiendo puntos de vista. Siempre respeto sus opiniones y soy honesto en cuanto a lo que sé y lo que pienso.
Mi edad y mi apariencia no me permiten sentir que soy omnisapiente, sino que me identifico con sus angustias y dudas. Creo que es importante la empatía con el alumno y saber que se aprende con ellos y poder sentir lo que ellos. No pienso en que estoy trabajando con la futura fuerza laboral de país al servicio de las trasnacionales, sino con personas de carne y hueso que piensan y sienten.
Los aprendizajes en la escuela no son exclusivos de los estudiantes. Aunque ya había tocado este punto en un comentario anterior, proseguiré añadiendo que investigamos antes de clase como si estudiáramos, repasamos lecciones, planteamos preguntas y recibimos respuestas inesperadas, a veces brillantes y otras… no. Reflexionamos con ellos al resolver sus dudas. Cuando tenemos una clase dispuesta, las cosas son geniales.
La parte resaltada indica algo ad hoc con lo que se pretende en la actualidad: desarrollar competencias. Es en este marco que se busca que los alumnos comprendan y cuestionen al mundo y a sí mismos. De este modo, la educación puede ser humanista, formativa y no solamente informativa, adiestradora.
Aunque he escuchado mucho acerca de las preguntas generadoras y su importancia al inicio de las clases, faltaba algo que lo clarificara. Es precisamente esto. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla, pues podemos tratar de enseñar algo que en verdad no les importa al tener intereses diferentes a los suyos. Me parece que es lo que convierte a la educación en un arte, pues es cada docente el que buscará sus métodos, sus preguntas, su sello y de ahí vendrá el resultado de su obra.
He buscado hacer divertidas las clases y encuentro que no es parte de mi carácter. He aquí que debo mejorar. Sin embargo, procuro no estar estático: camino entre los alumnos cuando es posible por su cantidad y tamaño del aula. Aunque doy la misma materia a tres grupos no doy la misma explicación, pues las preguntas no son las mismas, aunque es verdad que a veces lo que digo es muy parecido.
La forma de dar la clase refleja nuestra personalidad: yo soy serio, algo introvertido (a veces creo que soy bipolar pero no es algo concluyente). Me gusta que me pongan atención y pienso que se debe mantener el orden. Pero que no se crea que no me doy cuenta de que los alumnos prefieren algo activo y que digo tener siempre la razón. Necesito las técnicas de enseñanza de las que se habla en el artículo. A pesar de mí, he encontrado que gratificante llevar una clase a buen término. Podría renegar de lo que hago, pero creo que puedo con la responsabilidad y ahora encuentro que no soy el único que dice que en la Normal no aprendió nada prácticamente útil.
En términos generales, la Escuela Normal me acercó al trabajo y me lo proporcionó el sistema educativo estatal, me refiero a la forma en que funciona. Sería motivo de un ensayo pero lo diré en pocas palabras: en la entrada hay una roca gigante pintada de verde con la leyenda “y me hice maestro”. Las instalaciones fueron usadas para la Maestría que cursé y la segunda vez que egresé y vi la roca aquella encontré que aún no me hacía maestro. Dos veces salí y aún no encuentro la satisfacción que busco.
Aquí considero necesario decir que las universidades no son las únicas instituciones de las que egresan los profesores que actualmente se encuentran fuera de su ambiente. Las escuelas normales nos saturan de trabajo: portafolios de evidencias, referentes teóricos para participar en clase nombrando autores, reportes de lecturas interminables y demás cosas que en la práctica no se vuelven a usar.
¿Cómo poder ayudar a los estudiantes y convertirse en su amigo y consejero cuando tienen problemas familiares? Esto se agrava si uno considera que ha tenido ya sus propios problemas. Se requiere de ser consciente de que se espera más que un enorme acervo y control por parte de los alumnos. Esperan alguien que los entienda. Muchos adolescentes nos tienen como modelos a seguir y de hecho buscan nuestra compañía; es verdad que a veces es por ganarse consideraciones, pero si no acercamos más encontramos que buscan amigos.
No es inusual esta situación. Hay desde profesores que nunca se prestan para conversar con ellos fuera del salón, hasta los que inventan cientos de juegos durante la clase. El problema me parece que pasa por egoísmo y falta de creatividad.
Es sabido que los salarios no son lo mejor en el caso de nuestra profesión; disfrutar del trabajo y del servicio a los alumnos es más bien una cuestión imperativa. Gran parte de nuestro tiempo esta, directa o indirectamente dedicado a ellos: seleccionar bibliografía, planear, calificar exámenes, etcétera. No es posible desconectarse de ellos o verlos siempre como adversarios sin sentir que nos estamos consumiendo.
Es como el trabajo del etnógrafo: llegar, conocer el ambiente, los rituales, los símbolos; se necesita sumergirse en ese medio para poder comprenderlo y ello toma tiempo. Me parece que los profesores que manejan mejor su clase son los que conocen a su grupo. Caso contario: represión, enemistad o descontrol.
Hace poco comencé a trabajar en una escuela con grupos números durante el turno vespertino. La indicación fue la misma por parte de los directivos que me recibieron: mano dura. No es que pretenda fomentar esto, pero en mi caso he encontrado que eso da mejores resultados. No me refiero a tener a los alumnos atados, sino a ser claro y enérgico al poner las reglas y aplicarlas; sin embargo, es necesario relajar las cosas pues, de lo contrario, tampoco se consigue nada.
Tenemos que adaptar los contenidos a niveles de comprensión acordes con los alumnos, dar los ejemplos que estén relacionados con ellos y plantearlos de manera interesante. Es importante poseer un léxico extenso y variado, creo que esto se desarrolla mejor con hábitos de lectura de los profesores.
La profesión docente (frente a grupo, impartiendo clase) es cuestión de satisfacción personal. Existen programas como carrera docente y magisterial que pueden dar una mayor solvencia económica a los profesores; pero la función es de servicio. Esto se refleja en la expresión tengo x años de servicio. ¿Servicio a quién? No puede ser a sí mismo, a uno mismo. Me parece que tenemos una función no declarada en ninguna parte y que consiste en no permitir que la juventud caiga en los vicios del propio sistema: corrupción, clientelismo, servilismo (todas estas cosas están marcadas en la constitución y al menos en mi contexto suelen ser letra muerta).
Los adolescentes aprenden que hay que tener amistades poderosas, se inician en la política desde jóvenes pero siempre obedeciendo. En alguna parte apareció un representante de los jóvenes y convocaron a todos los alumnos de preparatoria de x municipio. Los muchachos no sabían por qué se les estaba llamando y manejando como que era algo a lo que tenían que asistir (con los directores por delante). Retomo en esta parte la importancia de desarrollar el espíritu crítico en los jóvenes no con la intención de tener legiones de rebeldes, sino que orienten sus decisiones a la luz de la razón.
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